Por: Enrikín y Polakín.
Nuestra intención nunca ha sido ofender, sino más bien dar a conocer y comunicar historias de un hecho tan cotidiano como es el ir a hacer una buen cagada. Todo el mundo lo hace y de ahí salen diferentes relatos, tristes, chistosos, crueles, alegres, etc.
Pues bien, hemos regresado de vacaciones y llegamos con más historias para contar. Algunas vividas en primera persona y otras que averiguamos preguntando a quien se nos cruzaba en el camino.
Antes de comenzar quisieramos darles a conocer que no sólo a los humildes autores de este blog se les había ocurrido escribir sobre la caca.
El 17 de septiembre de 1580 nace el célebre y hoy clásico poeta español Francisco de Quevedo Villegas, quién escribió la siguiente prosa y la publicamos en nuestro blog como homenaje al vate madrileño. Con mucho cariño para ustedes, antes continuar, les dejamos estos párrafos de culto.
Gracias y Desgracias del Ojo del Culo
Dirigidas a Doña Juana Mucha, Montón De Carne, Mujer gorda por arrobas.
Escribiólas Juan Lamas, El Del Camisón Cagado.
Edición de Daniel Lebrato, Maestro Oculista.
Quien tanto se precia de servidor de vuestra merced, ¿qué le podrá ofrecer sino cosas del culo? Aunque vuestra merced le tiene tal, que nos lo puede prestar a todos. Si este tratado le pareciere de entretenimiento, léale y pásele muy despacio y a raíz del paladar. Si le pareciere sucio, límpiese con él, y béseme muy apretadamente. De mi celda, etcétera.
No se espantarán de que el culo sea tan desgraciado los que supieren que todas las cosas aventajadas en nobleza y virtud, corren esta fortuna de ser despreciadas de ella, y él en particular por tener más imperio y veneración que los demás miembros del cuerpo; mirado bien es el más perfecto y bien colocado de él, y más favorecido de la naturaleza, pues su forma es circular, como la esfera, y dividido en un diámetro o zodíaco como ella. Su sitio es en medio como el del sol; su tacto es blando: tiene un solo ojo, por lo cual algunos le han querido llamar tuerto, y si bien miramos, por esto debe ser alabado, pues se parece a los cíclopes, que tenían un solo ojo y descendían de los dioses del ver. El no tener más de un ojo es falta de amor poderoso, fuera de que el ojo del culo por su mucha gravedad y autoridad no consiente niña; y bien mirado es más de ver que los ojos de la cara, que aunque no es tan claro tiene más hechura. Si no, miren los de la cara, sin una labor, tan llanos que no tienen primor alguno, como el ojo del culo, de pliegues lleno y de molduras, repulgo y dobladillos, y con una ceja que puede ser cola de algún matalote, o barba de letrado o médico. Y así, como cosa tan necesaria, preciosa y hermosa, lo traemos tan guardado y en lo más seguro del cuerpo, pringado entre dos murallas de nalgas, amortajado en una camisa, envuelto en unos dominguillos, envainado en unos gregüescos, avahado en una capa, y por eso se dijo: "Bésame donde no me da el sol". Y no los de la cara, que no hay paja que no los haga caballeriza, ni polvo que no los enturbie, ni relámpago que no los ciegue, ni palo que no los tape, ni caída que no los atormente, ni mal ni tristeza que no los enternezca. Lléguense al reverendo ojo del culo, que se deja tratar y manosear tan familiarmente de toda basura y elemento ni más ni menos; demás de que hablaremos que es más necesario el ojo del culo solo que los de la cara; por cuanto uno sin ojos en ella puede vivir, pero sin ojo del culo ni pasar ni vivir.
Lo otro sábese que ha habido muchos filósofos y anacoretas que, para vivir en castidad, se sacaban los ojos de la cara, porque comúnmente ellos y los buenos cristianos los llaman ventanas del alma, por donde ella bebe el veneno de los vicios. Por ellos hay enamorados, incestos, estupros, muertes, adulterios, iras y robos. Pero ¿cuándo por el pacífico y virtuoso ojo del culo hubo escándalo en el mundo, inquietud ni guerra? ¿Cuándo, por él, ningún cristiano no aprendió oraciones, anduvo con sinfonía, se arrimó a báculo ni siguió a otro, como se ve cada día por falta de los de la cara, que expuestos a toda ventisca e inclemencia, de leer, de fornicar, de una purga, de una sangría, le dejan a un cristiano a buenas noches? Pruébenle al ojo del culo que ha muerto muchachos, caballos, perros, etc.; que ha marchitado hierbas y flores, como lo hacen los de la cara, mirando lo ponzoñosos que son: por lo que dicen que hay mal de ojo. ¿Cuándo se habrá visto que por ser testigo de vista hayan ahorcado a nadie por él, como por los de la cara, que con decir que lo vieron forman sus calumnias los escribanos? Fuera de que el ojo del culo es uno y tan absoluto su poder, que puede más que los de la cara juntos. ¿Cuándo se ha visto que en las irregularidades se metan con el ojo del culo?
Lo otro, su vecindad, es sin comparación mejor, pues anda siempre, en hombres y mujeres, vecino de los miembros genitales; y así se prueba que es bueno, según aquel refrán: Dime con quien andas, te diré quien eres. El se acredita mejor con la vecindad y compañía que tiene que no los ojos de la cara, que éstos son vecinos de los piojos y caspa de la cabeza y de la cera de los oídos, cosa que dice claro la ventaja que les hace el serenísimo ojo, del culo. Y si queremos sutilizar más esta consideración, veremos que en los ojos de la cara suele haber por mil leves accidentes, telillas, cataratas, nubes y otros muchos males; mas en el del culo nunca hubo nubes, que siempre está raso y sereno; que, cuando mucho, suele atronar, y eso es cosa de risa y pasatiempo. Pues decir que no es miembro que da gusto a las gentes, pregúnteselo a uno que con gana desbucha, que él dirá lo que el común proverbio, que, para encarecer, que quería a uno sobremanera, dijo: "Más te quiero que a una buena gana de cagar". Y el otro portugués, que adelantó más esta materia, dijo: "Que no había en el mundo gusto como el cagar si tuviera besos." Pues ¿qué diremos si probamos este punto con texto del filósofo que dijo:
No hay contento en esta vida
que se pueda comparar
al contento que es cagar.
Otro dijo lo descansado que quedaba el cuerpo después de haber cagado:
No hay gusto más descansado
que después de haber cagado.
Para seguir leyendo al gran poeta español pueden ver su obra en: http://www.geocities.com/tubasurero/cuentos
Historias entretenidas, turbias, tóxicas, jocosas, incluso románticas de este cotidiano hecho biológico.
28 febrero 2007
20 diciembre 2006
La verdadera historia de Gollum
Por: Enrikín
Fue un día nublado. Una extraña brisa fría envolvía la comarca de los hobbits. Todos estaban trabajando muy alegres y entretenidos porque en la noche celebraban la fiesta de la amistad y esperaban la siempre bienvenida visita de Gandalf el mago y sus fuegos de artificio.
Salvo Smeagol que era un hobbit especial, joven y curioso. Aquel día trabajó la jornada de la mañana, pero en la tarde decidió no volver a las labores de la comarca. El hobbit se fue al bosque de los sueños que quedaba algo alejado.
Pese a que los hobbits son muy sociables, Smeagol era más bien solitario y soñador. Gustaba de cerrar los ojos y viajar hacia fantásticas aventuras y guerras de la Tierra Media, con elfos, hombres, magos y orcos. Soñaba que era un valiente hobbit al que le habían encomendado una misión especial, pero llena de peligros.
Ya en el bosque, el hobbit se acomodó bajo un árbol, cerca de un arroyo de aguas cristalinas y sacó de su bolso varios embutidos, pan, frutas, carne seca y cerveza. Luego de zamparse todo, secar el receptáculo de cerveza y fumar unas bocanadas de su pipa, se estiró sobre las hojas secas y trató de dormir. Sin embargo, de pronto escuchó el eco metálico y musical de algo que había caído profundamente. La curiosidad del hobbit fue más fuerte y se puso a buscar el origen de aquel inquietante ruido.
Luego de caminar varios metros hacía un sector frondoso del arroyo descubrió una pequeña entrada a unas cavernas. Trató de seguir hacia al interior de aquel misterioso lugar, pero se dio cuenta que no podría avanzar por la oscuridad.
Salió de las tétricas cavernas y volvió sigiloso a la comarca. Buscó algunos materiales y combustible para hacer antorchas. Puso más comida y cerveza en su bolso, luego volvió al lugar sin que el resto de los hobbits se dieran cuenta de lo que el joven Smeagol tramaba.
Cuando llegó al lugar ya estaba oscureciendo, pero no le dio importancia porque iba preparado y le gustaban las aventuras. Una vez adentro encendió la antorcha y comenzó a caminar lentamente. Cada paso que daba parecía que la caverna crecía y crecía. La llama de la antorcha se reflejaba en las brillantes y oscuras paredes, lo que deba un color espectral al lugar.
Smeagol estaba hipnotizado. Caminaba como zombie por las cuevas. No se dio cuenta cuanto había recorrido, pero ya habían pasado varias horas desde su entrada al lugar.
De pronto le vienen unos retorcijones y le salen unos gases que avisan la cagadera que se venía. El hobbit miró hacía todos lados hasta que observó un rincón adecuado por donde corría un hilo de agua. Se acercó, acomodó su morral sobre una piedra, dejó la antorcha fija en un hueco en la pared y se acomodó para evacuar.
Cualquiera pensaría que por el tamaño de estos seres su cagada sería pequeña, pero no es así. Estos pequeñines comen más que emperador romano, beben cerveza como equipo de fútbol irlandés y fuman pipa para bajar la comida. ¿Quién caga poco con tremenda dieta?
Smeagol estaba en lo mejor cuando de pronto mira hacía un costado y se queda paralizado por un hermoso y luminoso brillo amarillento. Tal fue su impacto que no pudo seguir cagando e interrumpió la producción. La luz parecía llamarlo.
Se paró con los pantalones abajo y en actitud demencial caminó hacía aquel inquietante brillo. Caminó y caminó con cuidado de no tropezar. No se dio cuenta que había dejado la antorcha atrás, pues aquella luz lo guiaba. Caminó durante un buen trecho sin alcanzar el origen del brillo.
Tras un largo lapso de tiempo pudo llegar y ver que se trataba de un hermoso anillo. Lo tomó y lo guardó en uno de sus bolsillos. Todo se fue a negro.
El hobbit se perdió en las tinieblas de aquellas cavernas y sólo vivía para mirar la hermosura de la brillante joya que tiempo después bautizó como su “precioso”. Fue así entonces como lo abrazó la maldición. Por interrumpir aquella sagrada cagada, Smeagol, un joven y buen hobbit, se convirtió en el despreciable Gollum.
Ya saben niños y niñas, no hay nada tan importante como para interrumpir una evacuación de caca, y si lo hacen pueden terminar comiendo pescado crudo, hablar estupideces, tener doble personalidad, vagar semidesnudo, parecerse a Javier Miranda y morir en las profundidades de un volcán con un ojo en la cima.
FIN
Fue un día nublado. Una extraña brisa fría envolvía la comarca de los hobbits. Todos estaban trabajando muy alegres y entretenidos porque en la noche celebraban la fiesta de la amistad y esperaban la siempre bienvenida visita de Gandalf el mago y sus fuegos de artificio.
Salvo Smeagol que era un hobbit especial, joven y curioso. Aquel día trabajó la jornada de la mañana, pero en la tarde decidió no volver a las labores de la comarca. El hobbit se fue al bosque de los sueños que quedaba algo alejado.
Pese a que los hobbits son muy sociables, Smeagol era más bien solitario y soñador. Gustaba de cerrar los ojos y viajar hacia fantásticas aventuras y guerras de la Tierra Media, con elfos, hombres, magos y orcos. Soñaba que era un valiente hobbit al que le habían encomendado una misión especial, pero llena de peligros.
Ya en el bosque, el hobbit se acomodó bajo un árbol, cerca de un arroyo de aguas cristalinas y sacó de su bolso varios embutidos, pan, frutas, carne seca y cerveza. Luego de zamparse todo, secar el receptáculo de cerveza y fumar unas bocanadas de su pipa, se estiró sobre las hojas secas y trató de dormir. Sin embargo, de pronto escuchó el eco metálico y musical de algo que había caído profundamente. La curiosidad del hobbit fue más fuerte y se puso a buscar el origen de aquel inquietante ruido.
Luego de caminar varios metros hacía un sector frondoso del arroyo descubrió una pequeña entrada a unas cavernas. Trató de seguir hacia al interior de aquel misterioso lugar, pero se dio cuenta que no podría avanzar por la oscuridad.
Salió de las tétricas cavernas y volvió sigiloso a la comarca. Buscó algunos materiales y combustible para hacer antorchas. Puso más comida y cerveza en su bolso, luego volvió al lugar sin que el resto de los hobbits se dieran cuenta de lo que el joven Smeagol tramaba.
Cuando llegó al lugar ya estaba oscureciendo, pero no le dio importancia porque iba preparado y le gustaban las aventuras. Una vez adentro encendió la antorcha y comenzó a caminar lentamente. Cada paso que daba parecía que la caverna crecía y crecía. La llama de la antorcha se reflejaba en las brillantes y oscuras paredes, lo que deba un color espectral al lugar.
Smeagol estaba hipnotizado. Caminaba como zombie por las cuevas. No se dio cuenta cuanto había recorrido, pero ya habían pasado varias horas desde su entrada al lugar.
De pronto le vienen unos retorcijones y le salen unos gases que avisan la cagadera que se venía. El hobbit miró hacía todos lados hasta que observó un rincón adecuado por donde corría un hilo de agua. Se acercó, acomodó su morral sobre una piedra, dejó la antorcha fija en un hueco en la pared y se acomodó para evacuar.
Cualquiera pensaría que por el tamaño de estos seres su cagada sería pequeña, pero no es así. Estos pequeñines comen más que emperador romano, beben cerveza como equipo de fútbol irlandés y fuman pipa para bajar la comida. ¿Quién caga poco con tremenda dieta?
Smeagol estaba en lo mejor cuando de pronto mira hacía un costado y se queda paralizado por un hermoso y luminoso brillo amarillento. Tal fue su impacto que no pudo seguir cagando e interrumpió la producción. La luz parecía llamarlo.
Se paró con los pantalones abajo y en actitud demencial caminó hacía aquel inquietante brillo. Caminó y caminó con cuidado de no tropezar. No se dio cuenta que había dejado la antorcha atrás, pues aquella luz lo guiaba. Caminó durante un buen trecho sin alcanzar el origen del brillo.
Tras un largo lapso de tiempo pudo llegar y ver que se trataba de un hermoso anillo. Lo tomó y lo guardó en uno de sus bolsillos. Todo se fue a negro.
El hobbit se perdió en las tinieblas de aquellas cavernas y sólo vivía para mirar la hermosura de la brillante joya que tiempo después bautizó como su “precioso”. Fue así entonces como lo abrazó la maldición. Por interrumpir aquella sagrada cagada, Smeagol, un joven y buen hobbit, se convirtió en el despreciable Gollum.
Ya saben niños y niñas, no hay nada tan importante como para interrumpir una evacuación de caca, y si lo hacen pueden terminar comiendo pescado crudo, hablar estupideces, tener doble personalidad, vagar semidesnudo, parecerse a Javier Miranda y morir en las profundidades de un volcán con un ojo en la cima.
FIN
13 diciembre 2006
Usted no lo repita
Enviado por: Wero.
Uno cuando es escolar siempre sale con alguna ocurrencia digna del programa Ripley, y aquel día miércoles luego de la clase de educación física, no fue la excepción. Era un caluroso día de noviembre que ameritaba una ducha ya que la clase había durado de 12:00 a 13:15 y a los 16 años uno ya se pone mas pretencioso y no se puede andar por la vida sudado y sin el Axe en las axilas ¿no?. Bueno, pero el punto no es ese.
En los camarines junto a mis compañeros, nos empezamos a cuestionar el viejo mito que versa que si uno se tira un “viento” (gas rancio que sale desde el mismísimo intestino) y se pone una llamita cerca del nudo de globo, el culo se transforma en un verdadero lanzallamas.
Intrigados por tal misterio decidimos hacer la prueba y nos conseguimos un encendedor. El siguiente paso fue enumerarnos para la ejecución del experimento.
A esa altura y previo a la ducha, ya todos estábamos a poto pelado así es que sólo era necesario colocarse en 90º y hacer fuerzas. Estuvimos varios intentando soltar un “gas”, pero a todos se nos cerró herméticamente la llave de paso.
Hasta que llegó el turno de Dani. El cabrito era una persona de contextura media que pasaba inadvertido hasta aquel día. Hizo su primer intento y nada, pero dijo que “ya venía”, por lo que siguió haciendo fuerzas y nosotros continuamos esperando. Mientras tanto nos turnábamos para mantener el encendedor prendido cerca de la “salida” de mi amigo.
Luego de varios intentos, y con los dedos quemados de tanto sostener el encendedor, por fin llegó el anhelado momento. El Dani era literalmente un yacimiento de gas natural. El peo que le salió era una obra de arte que en lo personal nunca me atrevería a imitar, y en los años venideros ningún amigo tampoco se atrevió a fabricar.
El peo produjo una llamarada semejante a la de un dragón, de una luminosidad parecida a la aurora boreal. Quedamos atónitos. Ni siquiera nos dimos cuenta de si tenía olor o no, habíamos visto “la luz” al final del túnel y ya nada importaba. Sin embargo no faltó el morboso que en fracción de segundos miró hacia el origen de aquel “gas”. Rápidamente advertimos que en el poto de mi amigo había medio mojón colgando (jojojo... risas de los editores).
Debido al esfuerzo que hizo nuestro compañero, el gas salió acompañado, y todos morimos de la risa botados en el piso. Claro que el drama recién comenzaba… ¿qué íbamos a hacer con el mojón invitado de piedra? Las duchas estaban junto a los baños pero separados por una puerta y a esa hora casi al final de la jornada los baños eran concurridos por muchos estudiantes.
El mojón ya no nos pareció gracioso, sino más bien tétrico. El Dani seguía en 90 grados por que no lo pudo entrar, y si se paraba lo iba aplastar. Si lo quería hacer entero nadie sabia con exactitud el tamaño o la consistencia con la cual podría salir. La única solución era esperar a que no hubiese moros en la costa y partir raudos al water con el mojón colgando. Nos dieron las 13:45 y por fin el Dani, (ya acalambrado de estar tanto en 90º) pudo sentarse en el ídolo de loza y desligarse de aquel engendro.
Se suponía que sería un episodio gracioso, pero hasta el día de hoy cuando nos juntamos con el Dani, comenzamos a recordarlo como una historia tétrica para luego a los 5 minutos quedarnos nuevamente en el piso riéndonos.
Nunca más volvimos a hacer el experimento.
N. de E.: Felicitaciones a Wero por la excelente historia. Esta es la segunda que publicamos de su autoría.
Uno cuando es escolar siempre sale con alguna ocurrencia digna del programa Ripley, y aquel día miércoles luego de la clase de educación física, no fue la excepción. Era un caluroso día de noviembre que ameritaba una ducha ya que la clase había durado de 12:00 a 13:15 y a los 16 años uno ya se pone mas pretencioso y no se puede andar por la vida sudado y sin el Axe en las axilas ¿no?. Bueno, pero el punto no es ese.
En los camarines junto a mis compañeros, nos empezamos a cuestionar el viejo mito que versa que si uno se tira un “viento” (gas rancio que sale desde el mismísimo intestino) y se pone una llamita cerca del nudo de globo, el culo se transforma en un verdadero lanzallamas.
Intrigados por tal misterio decidimos hacer la prueba y nos conseguimos un encendedor. El siguiente paso fue enumerarnos para la ejecución del experimento.
A esa altura y previo a la ducha, ya todos estábamos a poto pelado así es que sólo era necesario colocarse en 90º y hacer fuerzas. Estuvimos varios intentando soltar un “gas”, pero a todos se nos cerró herméticamente la llave de paso.
Hasta que llegó el turno de Dani. El cabrito era una persona de contextura media que pasaba inadvertido hasta aquel día. Hizo su primer intento y nada, pero dijo que “ya venía”, por lo que siguió haciendo fuerzas y nosotros continuamos esperando. Mientras tanto nos turnábamos para mantener el encendedor prendido cerca de la “salida” de mi amigo.
Luego de varios intentos, y con los dedos quemados de tanto sostener el encendedor, por fin llegó el anhelado momento. El Dani era literalmente un yacimiento de gas natural. El peo que le salió era una obra de arte que en lo personal nunca me atrevería a imitar, y en los años venideros ningún amigo tampoco se atrevió a fabricar.
El peo produjo una llamarada semejante a la de un dragón, de una luminosidad parecida a la aurora boreal. Quedamos atónitos. Ni siquiera nos dimos cuenta de si tenía olor o no, habíamos visto “la luz” al final del túnel y ya nada importaba. Sin embargo no faltó el morboso que en fracción de segundos miró hacia el origen de aquel “gas”. Rápidamente advertimos que en el poto de mi amigo había medio mojón colgando (jojojo... risas de los editores).
Debido al esfuerzo que hizo nuestro compañero, el gas salió acompañado, y todos morimos de la risa botados en el piso. Claro que el drama recién comenzaba… ¿qué íbamos a hacer con el mojón invitado de piedra? Las duchas estaban junto a los baños pero separados por una puerta y a esa hora casi al final de la jornada los baños eran concurridos por muchos estudiantes.
El mojón ya no nos pareció gracioso, sino más bien tétrico. El Dani seguía en 90 grados por que no lo pudo entrar, y si se paraba lo iba aplastar. Si lo quería hacer entero nadie sabia con exactitud el tamaño o la consistencia con la cual podría salir. La única solución era esperar a que no hubiese moros en la costa y partir raudos al water con el mojón colgando. Nos dieron las 13:45 y por fin el Dani, (ya acalambrado de estar tanto en 90º) pudo sentarse en el ídolo de loza y desligarse de aquel engendro.
Se suponía que sería un episodio gracioso, pero hasta el día de hoy cuando nos juntamos con el Dani, comenzamos a recordarlo como una historia tétrica para luego a los 5 minutos quedarnos nuevamente en el piso riéndonos.
Nunca más volvimos a hacer el experimento.
N. de E.: Felicitaciones a Wero por la excelente historia. Esta es la segunda que publicamos de su autoría.
23 noviembre 2006
Historia de una eterna cagadera
Por: Polakín.
Mientras justamente dejaba la cagá en el baño, decidí contar la génesis y detalles de este hecho. Quizás el texto se haga un poco extenso (o muy extenso), pero inmediatamente te digo "lee posom!", además que hace rato que no escribía algo para el Blog. Esta cosa es pura cultura.
Lo otro que podís hacer es imprimir esta hueá y llevártela al baño. En fin, aquí voy y provecho (cambié algunos nombres para proteger a inocentes).
Ayer en la mañana me quedé dormido. Por suerte tengo la dicha de ser afortunado y mi adorada madre me despertó haciendo una llamada a mi celular que descansa en el velador. Siempre lo hace así. Más de alguno se preguntará poniendo voz de parálisis facial "¿Y por qué tu vieja no va a tu pieza y te golpea la puerta?". Y bueno, no sé. Muchas veces me ha pasado que su llamado lo confundo con la alarma del celular, y entonces corto. Ayer eso pasó una vez, y a la siguiente llamada miré el celu y caché que me llamaba mi vieja. "¿Qué querrá?" pensé, e inmediatamente exclamé en mi mente "chátumare, me quedé dormido". Puse mis pies en el suelo ágilmente y corrí a la ducha. Me vestí y partí a trabajar sin desayunar.
Acá en el trabajo cuando venís sin desayuno podís ir a comprar un sanguche donde el tatita que vende de todo en un furgón. Partí para allá con Steve (un compañero de pega) y este weón me convenció de probar el sanguche de arrollao huaso artesanal. Sencillamente era como un pedazo de mano en medio de una marraqueta. ¡Tremendo! Compramos la hueá, y Steve se rajó con un jugo de litro pa pasarlo.
Llegó la hora de almuerzo y fui con este weón a comer, sin mucha hambre la verdá, pero con la idea de alimentarnos bien. Arroz con tomaticán fue la dosis, y ahí quedé paralizado.
Durante la tarde pasé al baño pero literalmente me fui en puros saltos y peos. De todos modos me sentía bien así que no me preocupé.
Cuando llegué a casa a eso de las 23 horas, vi como una olla con lentejas me esperaba impaciente. Estaban recién hechas, y casi me hablaban.
Me serví un plato decente de lentejas, que rocié con quesito rayao como para darles ese toque más salado. Acompañé con pan algunas cucharadas y fui feliz saboreando tan delicioso plato. Lógicamente me serví más, digamos como para no quedar con gusto a poco. Así, con guatita llena hice algunas cosas y me fui a dormir, sin pensar en el mierdal que se estaba desarrollando en mi aparato digestivo.
Al día siguiente desperté y sentí que la guata pesaba más. Bajé al baño y me senté para eliminar peso. Mal, me fui en puro trámite mientras sostenía en mis manos el publimetro del día anterior. A ratos lo apretaba haciendo fuerza pero lo único que conseguía era que los ojos se me pusieran vidriosos y uno que otro puchero del pequeño.
Decidido a perdonar a mis intestinos y darles una nueva oportunidad antes de la ducha, me fui a desayunar. Me senté en la mesa y tomé una taza de té con medio pan. Las ganas de cagar casi habían desaparecido. De hecho pensé que sólo estaba hinchao y era cosa de relajarme no más.
Comí, vi los goles y escuché los comentarios del Aldo (Rómulo Schiapacasse) mientras le daba tiempo a mi humanidad para que trabajara en lo suyo. Con fe en mí pasé al baño, me empeloté para la ducha y me senté a cagar. Después de un esfuerzo enorme, logré evacuar unos tímidos zurullos que no alcanzaron a desocupar por completo el espacio que sentía pesado en mí.
Me duché y me vestí sintiendo la hinchazón. Repasé en mi mente el listado de huevadas que incorporé a mi organismo el día anterior y caché altiro que la cosa se podría poner fea. Salí de la casa y dirigí mis pasos al metro.
De inmediato comencé a sentir los retorcijones con la caminata. ¡Arrggg! ya no me podía devolver porque iba atrasado, así que apuré el andar no más. Quedaba una hora de camino hacía el baño de la oficina y esa era mi misión. El 70% de mi capacidad cerebral estaba destinada a mantener el culo cerrado para que no saliera gas ni mierda.
Llegué a comprar mi boleto, y agregándole angustia a mi situación me tocan esas filas huevonas de gente cargando la tarjeta multivía con ¡1.000 pesos! ¡¡¡Pero es que cómo tan huevones!!! ¡Viejas, viejos, pelotas de corbata, señoras con pinta de oficina cargando la tarjeta con luka! Si el pasaje cuesta entre 370 y 460 pesos ¿por qué cresta señora señor carga la hueaíta con mil mugrientos pesos? Si sabís que tenís que tomar el metro de vuelta, si sabís que mañana, y toda la semana, y todo el mes vas a usar la tarjeta... ¿por qué no le ponís 5 mil pesos altiro? Y de pasaíta te dejai de hacer filas todos los días, ¡haciéndole la vida más difícil a millones de chilenos! Por las reshushas, el chileno es muy rehueón. A veces pienso que Enrikín tiene razón cuando dice eso de “la raza es la mala hueón”.
En fin... compré mi maldito boleto de estudiante con la alegría que me embargaba. En el metro me fui quieto. Las frenadas me ponían nervioso y miraba para todos lados preguntándome si la gente sabía que estaba que me cagaba. Sentía todo mi cuerpo tieso y comencé a odiar mi cinturón.
Llegué a la última estación y caminé a tomar el metro bus. Sí, trabajo lejos estimadas/os lectores. Además mi situación de clase media (¿baja, alta, emergente?) no me permite aún ir en vehículo propio. Pagué y me senté al lado de la ventana, para aprovechar de abrir un poco y tomar más aire. El problema fue que no consideré el hecho de que sentado, mis interiores recibirían más presión que estando parado. Creo que así fue como empezaron la puntadas de izquierda a derecha. Ya no podía más.
De pronto pasando Vitacura, el tránsito se tornó cada vez más lento hasta convertirse en lo que estás pensando ¡sí... un maldito taco! justo a mí. Lo único que pasaba entre mis orejas era llegar al baño de la oficina y liberar mis penas. El dolor me afligía y nadie en el metro bus podía entender mi cara de incomodidad. Traté de dormir, traté de no pensar, pero la desesperación me lo impedía.
Pasaron los minutos, que fueron unos 40, y terminó el taco. Lo provocaron 5 vehículos en la bajada de la pirámide. Luego de eso el Metrobus agarró vuelo y el resto del camino se vino soplao. Sentí alegría, estaba a poquitos minutos de sentarme a poto pelao y evacuar la mugre que llevaba dentro.
Llegué a la oficina, dejé mi bolso y me saqué la chaqueta. Al instante llega Mery, una compañera de oficina, y me dice:
- ¡Polakín! te estabamos esperando, pasa a la sala de reuniones porque le vamos a cantar el cumpleaños feliz a Sharon.-
Horror. Para allá fui absolutamente tieso. Estaba todo el mundo, y estaban todos felices, y estaban todos contentos y todos distendidos. Era yo él único que pensaba en echar la cagá mientras todos contentos coreaban:"¡que los cumplas feeeeliiiiz!". Puse las nalgas duras para soportar el mierdal y me encomendé al pulento. Sentí que mi cara se deformaba y ya no daba más.
En eso caché la torta. Una hueá llena de crema que empezaron a partir y repartir.
- Toma Polakín -Me dijo Roger- entregándome un trozo de torta forrado en crema. Me vi obligado a comer.
- Polakín... ¿bebida o jugo?
- Bebida por favor ¡eeeh... no, no, jugo, jugo... !Albert! quiero jugo... no me dís bebida, gracias - respondí urgido. Si tomaba bebida, me cagaba ahí mismo. Casi cometo un error.
Terminé con el jugo y la torta, y caché a mi compadre Steve en la puerta, me acerqué y le dije textual al oído: - Compire, déjame pasar que estoy que me...-
Dicho eso, la salida fue libre y mía. Caminé al baño como quien camina a recibir un gran premio. Sentí un descanso espiritual enorme y el mundo cambió su medida de tiempo para quedar como esos finales de película. Era yo caminando en cámara lenta y con música épica de fondo, todo por ir a cagar. Entré al baño, me senté y solté los primeros peos de la gran cagada. Al principio salió a chorro y luego ya obré con más tranquilidad. Ahí fue mientras caían los barritos que pensé en relatar todo esto. Y aquí estás tú, leyendo como terminé cagando, y de algún modo sabiendo de mi pesar.
Muchas gracias. Les quiero. ¡Muchachas y muchachos, promocionen el Blog!
Por cierto... me paré, miré la mierda, y claramente se podía saber qué cosas había comido. Algo así como: Tu pasado te condena. En fin, no pesquen, son reflexiones hueonas.
Mientras justamente dejaba la cagá en el baño, decidí contar la génesis y detalles de este hecho. Quizás el texto se haga un poco extenso (o muy extenso), pero inmediatamente te digo "lee posom!", además que hace rato que no escribía algo para el Blog. Esta cosa es pura cultura.
Lo otro que podís hacer es imprimir esta hueá y llevártela al baño. En fin, aquí voy y provecho (cambié algunos nombres para proteger a inocentes).
Ayer en la mañana me quedé dormido. Por suerte tengo la dicha de ser afortunado y mi adorada madre me despertó haciendo una llamada a mi celular que descansa en el velador. Siempre lo hace así. Más de alguno se preguntará poniendo voz de parálisis facial "¿Y por qué tu vieja no va a tu pieza y te golpea la puerta?". Y bueno, no sé. Muchas veces me ha pasado que su llamado lo confundo con la alarma del celular, y entonces corto. Ayer eso pasó una vez, y a la siguiente llamada miré el celu y caché que me llamaba mi vieja. "¿Qué querrá?" pensé, e inmediatamente exclamé en mi mente "chátumare, me quedé dormido". Puse mis pies en el suelo ágilmente y corrí a la ducha. Me vestí y partí a trabajar sin desayunar.
Acá en el trabajo cuando venís sin desayuno podís ir a comprar un sanguche donde el tatita que vende de todo en un furgón. Partí para allá con Steve (un compañero de pega) y este weón me convenció de probar el sanguche de arrollao huaso artesanal. Sencillamente era como un pedazo de mano en medio de una marraqueta. ¡Tremendo! Compramos la hueá, y Steve se rajó con un jugo de litro pa pasarlo.
Llegó la hora de almuerzo y fui con este weón a comer, sin mucha hambre la verdá, pero con la idea de alimentarnos bien. Arroz con tomaticán fue la dosis, y ahí quedé paralizado.
Durante la tarde pasé al baño pero literalmente me fui en puros saltos y peos. De todos modos me sentía bien así que no me preocupé.
Cuando llegué a casa a eso de las 23 horas, vi como una olla con lentejas me esperaba impaciente. Estaban recién hechas, y casi me hablaban.
Me serví un plato decente de lentejas, que rocié con quesito rayao como para darles ese toque más salado. Acompañé con pan algunas cucharadas y fui feliz saboreando tan delicioso plato. Lógicamente me serví más, digamos como para no quedar con gusto a poco. Así, con guatita llena hice algunas cosas y me fui a dormir, sin pensar en el mierdal que se estaba desarrollando en mi aparato digestivo.
Al día siguiente desperté y sentí que la guata pesaba más. Bajé al baño y me senté para eliminar peso. Mal, me fui en puro trámite mientras sostenía en mis manos el publimetro del día anterior. A ratos lo apretaba haciendo fuerza pero lo único que conseguía era que los ojos se me pusieran vidriosos y uno que otro puchero del pequeño.
Decidido a perdonar a mis intestinos y darles una nueva oportunidad antes de la ducha, me fui a desayunar. Me senté en la mesa y tomé una taza de té con medio pan. Las ganas de cagar casi habían desaparecido. De hecho pensé que sólo estaba hinchao y era cosa de relajarme no más.
Comí, vi los goles y escuché los comentarios del Aldo (Rómulo Schiapacasse) mientras le daba tiempo a mi humanidad para que trabajara en lo suyo. Con fe en mí pasé al baño, me empeloté para la ducha y me senté a cagar. Después de un esfuerzo enorme, logré evacuar unos tímidos zurullos que no alcanzaron a desocupar por completo el espacio que sentía pesado en mí.
Me duché y me vestí sintiendo la hinchazón. Repasé en mi mente el listado de huevadas que incorporé a mi organismo el día anterior y caché altiro que la cosa se podría poner fea. Salí de la casa y dirigí mis pasos al metro.
De inmediato comencé a sentir los retorcijones con la caminata. ¡Arrggg! ya no me podía devolver porque iba atrasado, así que apuré el andar no más. Quedaba una hora de camino hacía el baño de la oficina y esa era mi misión. El 70% de mi capacidad cerebral estaba destinada a mantener el culo cerrado para que no saliera gas ni mierda.
Llegué a comprar mi boleto, y agregándole angustia a mi situación me tocan esas filas huevonas de gente cargando la tarjeta multivía con ¡1.000 pesos! ¡¡¡Pero es que cómo tan huevones!!! ¡Viejas, viejos, pelotas de corbata, señoras con pinta de oficina cargando la tarjeta con luka! Si el pasaje cuesta entre 370 y 460 pesos ¿por qué cresta señora señor carga la hueaíta con mil mugrientos pesos? Si sabís que tenís que tomar el metro de vuelta, si sabís que mañana, y toda la semana, y todo el mes vas a usar la tarjeta... ¿por qué no le ponís 5 mil pesos altiro? Y de pasaíta te dejai de hacer filas todos los días, ¡haciéndole la vida más difícil a millones de chilenos! Por las reshushas, el chileno es muy rehueón. A veces pienso que Enrikín tiene razón cuando dice eso de “la raza es la mala hueón”.
En fin... compré mi maldito boleto de estudiante con la alegría que me embargaba. En el metro me fui quieto. Las frenadas me ponían nervioso y miraba para todos lados preguntándome si la gente sabía que estaba que me cagaba. Sentía todo mi cuerpo tieso y comencé a odiar mi cinturón.
Llegué a la última estación y caminé a tomar el metro bus. Sí, trabajo lejos estimadas/os lectores. Además mi situación de clase media (¿baja, alta, emergente?) no me permite aún ir en vehículo propio. Pagué y me senté al lado de la ventana, para aprovechar de abrir un poco y tomar más aire. El problema fue que no consideré el hecho de que sentado, mis interiores recibirían más presión que estando parado. Creo que así fue como empezaron la puntadas de izquierda a derecha. Ya no podía más.
De pronto pasando Vitacura, el tránsito se tornó cada vez más lento hasta convertirse en lo que estás pensando ¡sí... un maldito taco! justo a mí. Lo único que pasaba entre mis orejas era llegar al baño de la oficina y liberar mis penas. El dolor me afligía y nadie en el metro bus podía entender mi cara de incomodidad. Traté de dormir, traté de no pensar, pero la desesperación me lo impedía.
Pasaron los minutos, que fueron unos 40, y terminó el taco. Lo provocaron 5 vehículos en la bajada de la pirámide. Luego de eso el Metrobus agarró vuelo y el resto del camino se vino soplao. Sentí alegría, estaba a poquitos minutos de sentarme a poto pelao y evacuar la mugre que llevaba dentro.
Llegué a la oficina, dejé mi bolso y me saqué la chaqueta. Al instante llega Mery, una compañera de oficina, y me dice:
- ¡Polakín! te estabamos esperando, pasa a la sala de reuniones porque le vamos a cantar el cumpleaños feliz a Sharon.-
Horror. Para allá fui absolutamente tieso. Estaba todo el mundo, y estaban todos felices, y estaban todos contentos y todos distendidos. Era yo él único que pensaba en echar la cagá mientras todos contentos coreaban:"¡que los cumplas feeeeliiiiz!". Puse las nalgas duras para soportar el mierdal y me encomendé al pulento. Sentí que mi cara se deformaba y ya no daba más.
En eso caché la torta. Una hueá llena de crema que empezaron a partir y repartir.
- Toma Polakín -Me dijo Roger- entregándome un trozo de torta forrado en crema. Me vi obligado a comer.
- Polakín... ¿bebida o jugo?
- Bebida por favor ¡eeeh... no, no, jugo, jugo... !Albert! quiero jugo... no me dís bebida, gracias - respondí urgido. Si tomaba bebida, me cagaba ahí mismo. Casi cometo un error.
Terminé con el jugo y la torta, y caché a mi compadre Steve en la puerta, me acerqué y le dije textual al oído: - Compire, déjame pasar que estoy que me...-
Dicho eso, la salida fue libre y mía. Caminé al baño como quien camina a recibir un gran premio. Sentí un descanso espiritual enorme y el mundo cambió su medida de tiempo para quedar como esos finales de película. Era yo caminando en cámara lenta y con música épica de fondo, todo por ir a cagar. Entré al baño, me senté y solté los primeros peos de la gran cagada. Al principio salió a chorro y luego ya obré con más tranquilidad. Ahí fue mientras caían los barritos que pensé en relatar todo esto. Y aquí estás tú, leyendo como terminé cagando, y de algún modo sabiendo de mi pesar.
Muchas gracias. Les quiero. ¡Muchachas y muchachos, promocionen el Blog!
Por cierto... me paré, miré la mierda, y claramente se podía saber qué cosas había comido. Algo así como: Tu pasado te condena. En fin, no pesquen, son reflexiones hueonas.
15 noviembre 2006
¿De qué color se caga la muerte?
Por: Enrikín
La verdad es que este tema todavía tiene mucho que dar. Pero no me había imaginado en la siguiente situación. Quizás la pueden encontrar algo fuerte, pero la vida es así, ni blanca ni oscura, sino de todos colores.
Pues bien, hace unos días fui a buscar a una amiga que trabaja en un hospital porque habíamos quedado de tomar unas birritas después del odioso horario laboral. Una vez en el lugar la llamo a su móvil y me dice que se va a demorar unos minutos pero que suba al piso donde trabaja y me da un nombre de esos difíciles que usan los médicos. Luego de cortar pienso que preguntando se llega a Roma, pero me doy cuenta que no es tan así, pues a nadie le sonaba el nombre de mi amiga.
De pronto me encontré solo en un pabellón y realmente perdido. El lugar era donde estaban los enfermos terminales. Sus aspectos eran realmente tristes y espectrales. Me corrió un frío por la espalda. Hasta el pasillo era algo tétrico. Caminando medio perdido me topo con un enfermo que trataba de caminar por las frías baldosas, era un esqueleto enfundado en una bata blanca. Me saluda con una voz quejumbrosa, casi de ultratumba.
En fin. Lentamente el sujeto comienza a susurrarme si lo puedo acompañar un ratito. El tipo tenía el tragicómico aspecto de Don Ramón, pero más viejo y flaco de lo que se puedan imaginar, grandes ojeras negras y un color grisáceo en el rostro, su edad era indefinible. Se afirmaba de forma temblorosa en ese fierro con ruedas sostenedor de bolsitas de suero, y en este caso, dos bolsitas más.
Lo escucho amablemente, pero la verdad es que sólo quería zafar de la situación. En pocas palabras el tipo me dice que se demora unos 20 minutos en ir de la cama al baño. Es decir, en ir, sentarse, volver y tratar de acomodarse en la cama es al menos una hora. Por lo que para él era muy importante hablar con alguien entremedio de esa tortura.
Le pregunto qué enfermedad tiene y él me dice que está con una infección pulmonar que lo matará en 30 días por ser VIH positivo. Además me dice que la familia y los amigos no lo visitan y sólo cruza palabras con los otros enfermos terminales de su pabellón y la gente que trabaja en el lugar.
Yo ya me encontraba bastante incómodo. El insiste que hablar con alguien era como un respiro al aire libre. De pronto pienso algo macabro y antes de censurarme le pregunto ¿oye con qué frecuencia cagas?
El tipo abre unos grandes ojos de color indefinible y sin decir más esboza una sonrisa, tras lo cual le expliqué de nuestro blog, y mi ya nuevo mejor amigo suelta otra sonrisa. Claro que me asusté porque se podía desmayar ahí mismo por la situación.
Cuento corto, me explica que debido a las drogas, la dieta especial y el suero, iba al baño con poca frecuencia, eso significa cada dos o tres días, casi siempre era consistencia acuosa, color amarillo cetrino, sin el olor característico de la caca. Es decir, tenía olor a medicamentos.
Me cuenta que en su pabellón hay puros terminales, cáncer, VIH y otros males. Algunos que ya están en las cuerdas tienen que usar las frías chatas. Mientras me imagino estar casi muriendo y que te pongan esa mierda helada en el culo... es algo inhumano.
Finalmente, le pregunto su nombre, luego me despido y él me estira la mano cadavérica, un pequeño brillo de alegría vi en sus ojos. Le digo que voy a imprimir algunas historias del blog y se les voy a ir a dejar. Tras un par de chaos camino por el pasillo tétrico del hospital y busco la salida rápidamente. Una vez en la entrada respiro profundamente, miro a todos lados buscando un lugar para sentarme y llamo nuevamente al móvil de mi amiga.
La verdad es que este tema todavía tiene mucho que dar. Pero no me había imaginado en la siguiente situación. Quizás la pueden encontrar algo fuerte, pero la vida es así, ni blanca ni oscura, sino de todos colores.
Pues bien, hace unos días fui a buscar a una amiga que trabaja en un hospital porque habíamos quedado de tomar unas birritas después del odioso horario laboral. Una vez en el lugar la llamo a su móvil y me dice que se va a demorar unos minutos pero que suba al piso donde trabaja y me da un nombre de esos difíciles que usan los médicos. Luego de cortar pienso que preguntando se llega a Roma, pero me doy cuenta que no es tan así, pues a nadie le sonaba el nombre de mi amiga.
De pronto me encontré solo en un pabellón y realmente perdido. El lugar era donde estaban los enfermos terminales. Sus aspectos eran realmente tristes y espectrales. Me corrió un frío por la espalda. Hasta el pasillo era algo tétrico. Caminando medio perdido me topo con un enfermo que trataba de caminar por las frías baldosas, era un esqueleto enfundado en una bata blanca. Me saluda con una voz quejumbrosa, casi de ultratumba.
En fin. Lentamente el sujeto comienza a susurrarme si lo puedo acompañar un ratito. El tipo tenía el tragicómico aspecto de Don Ramón, pero más viejo y flaco de lo que se puedan imaginar, grandes ojeras negras y un color grisáceo en el rostro, su edad era indefinible. Se afirmaba de forma temblorosa en ese fierro con ruedas sostenedor de bolsitas de suero, y en este caso, dos bolsitas más.
Lo escucho amablemente, pero la verdad es que sólo quería zafar de la situación. En pocas palabras el tipo me dice que se demora unos 20 minutos en ir de la cama al baño. Es decir, en ir, sentarse, volver y tratar de acomodarse en la cama es al menos una hora. Por lo que para él era muy importante hablar con alguien entremedio de esa tortura.
Le pregunto qué enfermedad tiene y él me dice que está con una infección pulmonar que lo matará en 30 días por ser VIH positivo. Además me dice que la familia y los amigos no lo visitan y sólo cruza palabras con los otros enfermos terminales de su pabellón y la gente que trabaja en el lugar.
Yo ya me encontraba bastante incómodo. El insiste que hablar con alguien era como un respiro al aire libre. De pronto pienso algo macabro y antes de censurarme le pregunto ¿oye con qué frecuencia cagas?
El tipo abre unos grandes ojos de color indefinible y sin decir más esboza una sonrisa, tras lo cual le expliqué de nuestro blog, y mi ya nuevo mejor amigo suelta otra sonrisa. Claro que me asusté porque se podía desmayar ahí mismo por la situación.
Cuento corto, me explica que debido a las drogas, la dieta especial y el suero, iba al baño con poca frecuencia, eso significa cada dos o tres días, casi siempre era consistencia acuosa, color amarillo cetrino, sin el olor característico de la caca. Es decir, tenía olor a medicamentos.
Me cuenta que en su pabellón hay puros terminales, cáncer, VIH y otros males. Algunos que ya están en las cuerdas tienen que usar las frías chatas. Mientras me imagino estar casi muriendo y que te pongan esa mierda helada en el culo... es algo inhumano.
Finalmente, le pregunto su nombre, luego me despido y él me estira la mano cadavérica, un pequeño brillo de alegría vi en sus ojos. Le digo que voy a imprimir algunas historias del blog y se les voy a ir a dejar. Tras un par de chaos camino por el pasillo tétrico del hospital y busco la salida rápidamente. Una vez en la entrada respiro profundamente, miro a todos lados buscando un lugar para sentarme y llamo nuevamente al móvil de mi amiga.
27 octubre 2006
10 consejos para cagar en water ajeno
Por: Enrikín.
Hay veces en que el llamado de la naturaleza nos ataca en cualquier parte. Cuando no puedes luchar contra el tsunami de caca que se viene, obviamente se pone el pecho a las balas no más. Sin embargo, más de alguna vez nos ha tocado entrar a un WC que a primera vista parece limpio. Pero ¡¡¡stop, stop, pare pare!!! Antes de sentarse.
Aquí les doy unos tips, consejos o recomendaciones para poder leer el volante de loza antes del depósito.
1.- Lo más importante es que el asiento debe estar brillante y el agua cristalina, de preferencia sin esa aureola culiá que marca el límite del vital elemento. Así se nota que hubo preocupación por la limpieza.
2.- Si hay aureola debemos preocuparnos (en un water se pueden pegar infecciones). Aunque esté limpio el asiento hay que levantarlo y observar si hay suciedad. Ojo con esas puntitos de sospechosos y diversos tonos café, negro y verdosos, eso es mierda, y a veces hongos.
3.- En ese punto lo mejor es bajar el asiento, humedecer con agua (si en el baño vez cloro, alcohol o colonias es mejor) un buen trozo de papel y limpiar el lugar donde apoyarás tu delicado culito. Luego toma otro trozo de papel y seca el asiento. Recuerda poner papel entre tu culo y el water, por todo el borde, eso en parte dificultará que se te suban bichos a la raja. Así ya puedes sentarte y expulsar el vendaval de mierda.
4.- Si hay manchitas, rayitas y residuos de caca flotando en el water es porque alguien dejó sus huellas antes que tu. Lo recomendable es hacer el mismo procedimiento del tip 3 y además tirar la cadena. Por lo general después de tirar la cadena (o cisterna como decía nuestro amigo español) cuesta que desaparezcan los rayones de mojón dentro del water, así que si no se van vuelve a tirar la cadena si es posible con algo de papel adentro. La idea es que cuando caguís y te salte agüita sepas que viene con bichos tuyos y no con los de otros.
5.- Volviendo al tema de los puntitos, los colores son importantes, si es clarito hubo una churretera de comida, oscuros son de churrete de caña y verdes son hongos. En este último caso es peligroso porque nuestras partes húmedas son propensas a agarrar todo tipo de champiñón hediondo. Siempre el mejor fungicida es el cloro, si hay en el baño úsalo, si no, vuelve al tip 3 y esta vez pon el doble de trozos de papel en el asiento para prevenir el contacto con hongos.
6.- Siempre, pero siempre que haya una ventanita es mejor abrirla, especialmente si es el baño de la oficina que compartimos con más gente. También recomiendo fumar un puchito, el olor es menos desagradable al de un vinagre churrete. Si te contorsionas un poco puedes lograr lo que Polakín hace, tirar el humo adentro del water para neutralizar el olor de los zurullos que flotan bajo tu raja.
7.- Tratar de dejar siempre lo más limpio posible. Recuerden ser solidarios con la persona que limpia el water de la oficina. Pobre señor o señora. Siempre he admirado a esos trabajadores.
8.- Jamás, pero jamás agarrar revistas, libros o diarios de baños ajenos. Recuerden que es fácil contagiarse de hepatitis y otras infecciones. Además, serios estudios indican que las personas que leen en el momento de ir a cagar no denotan inteligencia. Pero si es una costumbre se recomienda llevar su propia lectura.
9.- Tirar la cadena para verificar si corre bien el agua, este debería ser uno de los primeros tips, pero luego de leerlo no se les olvidará así que no importa si va casi al final jojo.
10.- Por último, mis queridos lectores, siempre lavarse las manos con jabón. Si no hay traten de usar cualquier detergente a mano, champú o lavalozas por ejemplo. Ideal que en los baños haya bidé, pero está en extinción, si lo hay les recomiendo usarlo. No hay nada mejor que un refrescante chorrito de agua para el chiquitín luego de una buena cagada.
¿Algún otro tip? Te leemos.
Hay veces en que el llamado de la naturaleza nos ataca en cualquier parte. Cuando no puedes luchar contra el tsunami de caca que se viene, obviamente se pone el pecho a las balas no más. Sin embargo, más de alguna vez nos ha tocado entrar a un WC que a primera vista parece limpio. Pero ¡¡¡stop, stop, pare pare!!! Antes de sentarse.
Aquí les doy unos tips, consejos o recomendaciones para poder leer el volante de loza antes del depósito.
1.- Lo más importante es que el asiento debe estar brillante y el agua cristalina, de preferencia sin esa aureola culiá que marca el límite del vital elemento. Así se nota que hubo preocupación por la limpieza.
2.- Si hay aureola debemos preocuparnos (en un water se pueden pegar infecciones). Aunque esté limpio el asiento hay que levantarlo y observar si hay suciedad. Ojo con esas puntitos de sospechosos y diversos tonos café, negro y verdosos, eso es mierda, y a veces hongos.
3.- En ese punto lo mejor es bajar el asiento, humedecer con agua (si en el baño vez cloro, alcohol o colonias es mejor) un buen trozo de papel y limpiar el lugar donde apoyarás tu delicado culito. Luego toma otro trozo de papel y seca el asiento. Recuerda poner papel entre tu culo y el water, por todo el borde, eso en parte dificultará que se te suban bichos a la raja. Así ya puedes sentarte y expulsar el vendaval de mierda.
4.- Si hay manchitas, rayitas y residuos de caca flotando en el water es porque alguien dejó sus huellas antes que tu. Lo recomendable es hacer el mismo procedimiento del tip 3 y además tirar la cadena. Por lo general después de tirar la cadena (o cisterna como decía nuestro amigo español) cuesta que desaparezcan los rayones de mojón dentro del water, así que si no se van vuelve a tirar la cadena si es posible con algo de papel adentro. La idea es que cuando caguís y te salte agüita sepas que viene con bichos tuyos y no con los de otros.
5.- Volviendo al tema de los puntitos, los colores son importantes, si es clarito hubo una churretera de comida, oscuros son de churrete de caña y verdes son hongos. En este último caso es peligroso porque nuestras partes húmedas son propensas a agarrar todo tipo de champiñón hediondo. Siempre el mejor fungicida es el cloro, si hay en el baño úsalo, si no, vuelve al tip 3 y esta vez pon el doble de trozos de papel en el asiento para prevenir el contacto con hongos.
6.- Siempre, pero siempre que haya una ventanita es mejor abrirla, especialmente si es el baño de la oficina que compartimos con más gente. También recomiendo fumar un puchito, el olor es menos desagradable al de un vinagre churrete. Si te contorsionas un poco puedes lograr lo que Polakín hace, tirar el humo adentro del water para neutralizar el olor de los zurullos que flotan bajo tu raja.
7.- Tratar de dejar siempre lo más limpio posible. Recuerden ser solidarios con la persona que limpia el water de la oficina. Pobre señor o señora. Siempre he admirado a esos trabajadores.
8.- Jamás, pero jamás agarrar revistas, libros o diarios de baños ajenos. Recuerden que es fácil contagiarse de hepatitis y otras infecciones. Además, serios estudios indican que las personas que leen en el momento de ir a cagar no denotan inteligencia. Pero si es una costumbre se recomienda llevar su propia lectura.
9.- Tirar la cadena para verificar si corre bien el agua, este debería ser uno de los primeros tips, pero luego de leerlo no se les olvidará así que no importa si va casi al final jojo.
10.- Por último, mis queridos lectores, siempre lavarse las manos con jabón. Si no hay traten de usar cualquier detergente a mano, champú o lavalozas por ejemplo. Ideal que en los baños haya bidé, pero está en extinción, si lo hay les recomiendo usarlo. No hay nada mejor que un refrescante chorrito de agua para el chiquitín luego de una buena cagada.
¿Algún otro tip? Te leemos.
13 octubre 2006
La universidad es una mierda
Enviado por: VU.
Domingo en la noche. Tenía la guata llena de caca, hinchao como piñata quería puro soltar el esfínter pero no pasaba nada y me dolía más que la cresta. Mi vieja me vio la cara de aflicción así que me dio bicarbonato, -con esto lo soltai altiro- me dijo.
Me fui a dormir a punta de peos. El lunes despierto a las 6 am para ir a la universidad. Tomo café con leche y tengo un pequeño retorcijón como respuesta. Estaba atrasado y la primera clase era con la vieja más brígida de la U, así que ni cagando llegaba atrasado.
Pero llegué atrasado igual. Me siento. Me reta como en el colegio. Empieza la clase y al mismo tiempo los retorcijones -chucha la hueá, llegué atrasado y si salgo de la sala cago- me dije. En eso otro retorcijón retumba en mi guata y mi compañero de al lado me miro de reojo y abría las fosas nasales como tratando de cachar algún olor fétido. Ya estaba sudando, sentía que no se asomaba pero estaba ahí, lo sabía... ¡¡¡cresta!!! esta hueá es churrete. Al instante la profe me mira y me sermonea que yo no presto atención ¿y cómo lo voy a hacer si siento que se viene un aluvión entre mis nalgas?.
Decidido me paré bruscamente, mis compañeros pensaban que le iba a parar los carros, pero abandoné la sala raudamente, corrí al negocio como una gacela africana y compré dos pañuelos desechables. En tres tiempos corrí al baño del tercer piso, por suerte a esas horas de la mañana no había nadie. Todo despejado, cierro la puerta, me bajó los pantalones, me siento. Tras el relajo un sonoro y estrepitoso peo con challa sale y queda registrado a un metro de distancia de mi levantado culo... ¡¡¡mierda!!! ¿cómo limpio esta hueá?? En eso viene el resto.
El peo sólo era el anuncio de que algo peor venía. Se me hizo agua el poto literalmente, entre dolor e incomodidad de cagar así y sobretodo una hueá que no es sólida y sientes que te quema. Trataba de achuntarle al puto WC -¿por qué chucha los hacen tan chicos?- pensé.
Luego de 15 minutos de aborto espontáneo me limpié el culo, que parecía el hocico de un cabro chico cuando come helado de chocolate. Limpié las zonas afectadas por el chernobyl. Tiro la cadena y mis ojos se desorbitan cuando empiezo a ver q en vez de bajar todo empieza a subir. Me quedo espectante viendo como sube y palidezco cuando la hueá empieza a rebalsarse.
Abro la puerta del cubículo y el mierdal sale tras de mí, pero siempre mirándolo, me sigue en dirección a la salida. Cerré la puerta para evitar que saliera al pasillo y salió no más. Todo el esfuerzo estaba hecho, no quedaba otra cosa más que arrancar y proteger mi dignidad e integridad, así que como buen chileno me hice el hueón, miré para todos lados a ver si alguien observaba tan peculiar escena y me encamine hacia la sala. Entré mas aliviado y hasta acepté de buen humor los retos de mi profesora.
¡¡¡Timbre!!! Y salgo lento y con miedo para ver que pasaba con la parte de mi que estaba libre en la Universidad. El auxiliar iba corriendo hacia las escaleras
-¡¡¡Don Dani!!! ¿Qué pasó?- le pregunté,
-Un conschesumadre cagó y tapó el baño. La mierda y el agua corren por la escalera-
Entonces ahí lo vi. Una cascada con mi propia mierda. Me inundó una sensación de vergüenza mezclada con algo de orgullo de ser el progenitor de tal enorme cagada. Nunca más tomé bicarbonato. Para la siguiente vez prometí cagar inmediatamente al tener ganas, al primer retorcijón lo saco y si se pone cuático aplico cesárea.
Domingo en la noche. Tenía la guata llena de caca, hinchao como piñata quería puro soltar el esfínter pero no pasaba nada y me dolía más que la cresta. Mi vieja me vio la cara de aflicción así que me dio bicarbonato, -con esto lo soltai altiro- me dijo.
Me fui a dormir a punta de peos. El lunes despierto a las 6 am para ir a la universidad. Tomo café con leche y tengo un pequeño retorcijón como respuesta. Estaba atrasado y la primera clase era con la vieja más brígida de la U, así que ni cagando llegaba atrasado.
Pero llegué atrasado igual. Me siento. Me reta como en el colegio. Empieza la clase y al mismo tiempo los retorcijones -chucha la hueá, llegué atrasado y si salgo de la sala cago- me dije. En eso otro retorcijón retumba en mi guata y mi compañero de al lado me miro de reojo y abría las fosas nasales como tratando de cachar algún olor fétido. Ya estaba sudando, sentía que no se asomaba pero estaba ahí, lo sabía... ¡¡¡cresta!!! esta hueá es churrete. Al instante la profe me mira y me sermonea que yo no presto atención ¿y cómo lo voy a hacer si siento que se viene un aluvión entre mis nalgas?.
Decidido me paré bruscamente, mis compañeros pensaban que le iba a parar los carros, pero abandoné la sala raudamente, corrí al negocio como una gacela africana y compré dos pañuelos desechables. En tres tiempos corrí al baño del tercer piso, por suerte a esas horas de la mañana no había nadie. Todo despejado, cierro la puerta, me bajó los pantalones, me siento. Tras el relajo un sonoro y estrepitoso peo con challa sale y queda registrado a un metro de distancia de mi levantado culo... ¡¡¡mierda!!! ¿cómo limpio esta hueá?? En eso viene el resto.
El peo sólo era el anuncio de que algo peor venía. Se me hizo agua el poto literalmente, entre dolor e incomodidad de cagar así y sobretodo una hueá que no es sólida y sientes que te quema. Trataba de achuntarle al puto WC -¿por qué chucha los hacen tan chicos?- pensé.
Luego de 15 minutos de aborto espontáneo me limpié el culo, que parecía el hocico de un cabro chico cuando come helado de chocolate. Limpié las zonas afectadas por el chernobyl. Tiro la cadena y mis ojos se desorbitan cuando empiezo a ver q en vez de bajar todo empieza a subir. Me quedo espectante viendo como sube y palidezco cuando la hueá empieza a rebalsarse.
Abro la puerta del cubículo y el mierdal sale tras de mí, pero siempre mirándolo, me sigue en dirección a la salida. Cerré la puerta para evitar que saliera al pasillo y salió no más. Todo el esfuerzo estaba hecho, no quedaba otra cosa más que arrancar y proteger mi dignidad e integridad, así que como buen chileno me hice el hueón, miré para todos lados a ver si alguien observaba tan peculiar escena y me encamine hacia la sala. Entré mas aliviado y hasta acepté de buen humor los retos de mi profesora.
¡¡¡Timbre!!! Y salgo lento y con miedo para ver que pasaba con la parte de mi que estaba libre en la Universidad. El auxiliar iba corriendo hacia las escaleras
-¡¡¡Don Dani!!! ¿Qué pasó?- le pregunté,
-Un conschesumadre cagó y tapó el baño. La mierda y el agua corren por la escalera-
Entonces ahí lo vi. Una cascada con mi propia mierda. Me inundó una sensación de vergüenza mezclada con algo de orgullo de ser el progenitor de tal enorme cagada. Nunca más tomé bicarbonato. Para la siguiente vez prometí cagar inmediatamente al tener ganas, al primer retorcijón lo saco y si se pone cuático aplico cesárea.
21 septiembre 2006
Unos de los peores días de mi vida
Enviado por: Anónimo, desde la mismísima España.
Ser enfermo de Crohn no te facilita las cosas, pero yo prefiero tomármelo con filosofía e intento hacer mi vida normal. Mi enfermedad es una inflamación crónica intestinal, por lo que ya se estará imaginando el lector las tremendas cagadas que me tengo que pegar, en ocasiones inoportunamente, pero llegan y hay que evacuarlas.
Cierto día invité a mi novia a cenar en un burguer de barrio, de esos en los que te hinchas a comer por poco precio. La velada fue apasionante. Hablamos todo el rato e hicimos planes para después de los exámenes.
Pues bien, la noche transcurrió sin incidente alguno, lo malo vino después. Llegamos a su pisito de estudiantes y nos acostamos. Nos pusimos manos a la obra y... en fin, de esto no es de lo que tengo que hablar.
Cuando ya me estaba quedando dormido, la barriga empezó a pedir clemencia. Tenía que desalojar las dos hamburguesas y las tres pepsis que me tomé. Intenté aguantar, pero fue imposible. Me veo obligado a levantarme e ir al lavabo. Si no me gusta cagar en waters ajenos es por el tedio que da que me escuchen los peítos, y más si las que van a escuchar son las compañeras de piso de mi novia.
No pude sino intentar cagar lo más insonoramente posible, pero fue imposible. El gas de las pepsis empujaba mi caquita con fuerza, tal escopeta de balines. Cuando noté el gran golpe de mis tripas supe que lo que iba a sonar sería tremendo, y fue tremendo. Un gran ¡¡¡BOMMM!!! diarrético, de esos que se nota que tienes la mierda acuosa, sonó por los noventa metros cuadrados del piso. Tanto que hasta oí risitas provenientes de dos habitaciones y por desgracia no era de la de mi novia. En fin, ya puestos terminé la faena, me limpié y me acosté de nuevo.
La segunda consecuencia maligna de aquella situación llegó por la mañana, cuando entró una de las compañeras de mi novia al lavabo. El tremendo sueño que tenía, aumentado por la tremenda cagada que me dejó descansado y tranquilito, hizo que se me olvidase tirar de la cisterna. Sólo oí un ¡¡¡puajjjj!!! que se le escapó a la chica al oler ese hedor asqueroso. ¡Hostias! me puse rojo bajo la sábana al recordar que no tiré de la cisterna. La chica no dijo nada después, pero supongo que me echó maldiciones.
!Pero esto no es el fin tíos!. Cuando ya las otras dos nenas se fueron a la facultad, aproveché la oportunidad y desparecí de aquel lugar. Mi chica se quedó descansando porque ese día tenía las clases algo más tarde.
A poco andar los gases de la pepsi comenzaron a empujar de nuevo, traté de aguantar los más posible, y justo cuando sólo me faltaban 100 metros para llegar a casa pensé que ya no tendría problemas ¡¡pero me equivoquéeee!!.
A escasos pasos de mi portal veo a un tumulto de gente. Me asomo con curiosidad y con unas cojonudas ganas de cagar, pero tal fue mi sorpresa al ver que un vecino había fallecido y lo estaban bajando por las estrechas escaleras ¡Porque en el bloque de pisos no había ascensor!
¡¡Las tripas se enfurecían por segundos y los de la funeraria no hacían nada por aligerar la faena!! El bar de enfrente cerrado, ningún lugar para cagar. Ni siquiera podía abrirme paso entre la gente para entrar al portal y pedirle un servicio prestado a los vecinos del piso bajo.
Noto que se me calienta demasiado el ano y las tripas quieren escupir rápidamente. Pienso y repienso. Nada... De pronto, y en sólo una fracción de segundos ¡¡¡toda una cagada escurre por mis piernas!!! La única salida, esperar a que el funeral tomase otro camino.
Me fui al parque que había detrás, desierto a las 8 de la mañana, encendí un cigarro y con mucho asco me senté en un banco escondido tras unos matorrales de florecitas amarillas. Pasaron veinte minutos, me asomé al portal con los pantalones manchados y me dispuse a entrar con un olor apestoso que me abrazaba. Subí las escaleras y las pocas personas que quedaban cuchicheando me miraron y algunos rieron. En fin, abrí la puerta, me duché y ahí terminó unos de los peores días de mi vida.
FIN
N. de E.: El texto enviado por nuestro estimado lector español está íntegro. Sólo arreglamos pequeños errores de redacción y ortografía. Espero que sigan colaborando y leyendo nuestro escatológico blog.
Ser enfermo de Crohn no te facilita las cosas, pero yo prefiero tomármelo con filosofía e intento hacer mi vida normal. Mi enfermedad es una inflamación crónica intestinal, por lo que ya se estará imaginando el lector las tremendas cagadas que me tengo que pegar, en ocasiones inoportunamente, pero llegan y hay que evacuarlas.
Cierto día invité a mi novia a cenar en un burguer de barrio, de esos en los que te hinchas a comer por poco precio. La velada fue apasionante. Hablamos todo el rato e hicimos planes para después de los exámenes.
Pues bien, la noche transcurrió sin incidente alguno, lo malo vino después. Llegamos a su pisito de estudiantes y nos acostamos. Nos pusimos manos a la obra y... en fin, de esto no es de lo que tengo que hablar.
Cuando ya me estaba quedando dormido, la barriga empezó a pedir clemencia. Tenía que desalojar las dos hamburguesas y las tres pepsis que me tomé. Intenté aguantar, pero fue imposible. Me veo obligado a levantarme e ir al lavabo. Si no me gusta cagar en waters ajenos es por el tedio que da que me escuchen los peítos, y más si las que van a escuchar son las compañeras de piso de mi novia.
No pude sino intentar cagar lo más insonoramente posible, pero fue imposible. El gas de las pepsis empujaba mi caquita con fuerza, tal escopeta de balines. Cuando noté el gran golpe de mis tripas supe que lo que iba a sonar sería tremendo, y fue tremendo. Un gran ¡¡¡BOMMM!!! diarrético, de esos que se nota que tienes la mierda acuosa, sonó por los noventa metros cuadrados del piso. Tanto que hasta oí risitas provenientes de dos habitaciones y por desgracia no era de la de mi novia. En fin, ya puestos terminé la faena, me limpié y me acosté de nuevo.
La segunda consecuencia maligna de aquella situación llegó por la mañana, cuando entró una de las compañeras de mi novia al lavabo. El tremendo sueño que tenía, aumentado por la tremenda cagada que me dejó descansado y tranquilito, hizo que se me olvidase tirar de la cisterna. Sólo oí un ¡¡¡puajjjj!!! que se le escapó a la chica al oler ese hedor asqueroso. ¡Hostias! me puse rojo bajo la sábana al recordar que no tiré de la cisterna. La chica no dijo nada después, pero supongo que me echó maldiciones.
!Pero esto no es el fin tíos!. Cuando ya las otras dos nenas se fueron a la facultad, aproveché la oportunidad y desparecí de aquel lugar. Mi chica se quedó descansando porque ese día tenía las clases algo más tarde.
A poco andar los gases de la pepsi comenzaron a empujar de nuevo, traté de aguantar los más posible, y justo cuando sólo me faltaban 100 metros para llegar a casa pensé que ya no tendría problemas ¡¡pero me equivoquéeee!!.
A escasos pasos de mi portal veo a un tumulto de gente. Me asomo con curiosidad y con unas cojonudas ganas de cagar, pero tal fue mi sorpresa al ver que un vecino había fallecido y lo estaban bajando por las estrechas escaleras ¡Porque en el bloque de pisos no había ascensor!
¡¡Las tripas se enfurecían por segundos y los de la funeraria no hacían nada por aligerar la faena!! El bar de enfrente cerrado, ningún lugar para cagar. Ni siquiera podía abrirme paso entre la gente para entrar al portal y pedirle un servicio prestado a los vecinos del piso bajo.
Noto que se me calienta demasiado el ano y las tripas quieren escupir rápidamente. Pienso y repienso. Nada... De pronto, y en sólo una fracción de segundos ¡¡¡toda una cagada escurre por mis piernas!!! La única salida, esperar a que el funeral tomase otro camino.
Me fui al parque que había detrás, desierto a las 8 de la mañana, encendí un cigarro y con mucho asco me senté en un banco escondido tras unos matorrales de florecitas amarillas. Pasaron veinte minutos, me asomé al portal con los pantalones manchados y me dispuse a entrar con un olor apestoso que me abrazaba. Subí las escaleras y las pocas personas que quedaban cuchicheando me miraron y algunos rieron. En fin, abrí la puerta, me duché y ahí terminó unos de los peores días de mi vida.
FIN
N. de E.: El texto enviado por nuestro estimado lector español está íntegro. Sólo arreglamos pequeños errores de redacción y ortografía. Espero que sigan colaborando y leyendo nuestro escatológico blog.
22 agosto 2006
Un partido como la mierda
Enviado por: Felipe.
Corrían mis 14 años, y mi hermano mayor haciendo algo fuera de lo normal me invita a jugar a la pelota un día domingo por la empresa donde trabaja contra un equipo de otra región, por lo cual se venía el paseo de "yo y mi hermano".
A las seis de la mañana estaba listo tomando el bus y feliz de compartir del por ese entonces casi desconocido hermano que tengo. Tenemos una diferencia de edad de 8 años y mientras yo estaba en la edad del pavo, él andaba detrás de cuanta mina se le cruzaba. En fin, el viaje fue tranquilo y grato, el paisaje era lindo y el ambiente en el bus relajado.
Primera parada. Sube un vendedor de sanguches y confites de los cuales me como dos de cada cosa y un empolvao (sin manjar colún por cierto). Una hora después sube un vendedor de empanadas, mi hermano me mira y me da una. Rica la weá, me la devoré en 2 segundos. Luego de pasados otros 60 minutos llegamos al epicentro de la reunión deportiva por la cual nos juntamos. Ahí estaba el otro equipo esperando a su rival de turno.
La cosa no quedo ahí. Nos recibieron con un asado, papas mayo, bebidas al por mayor ensaladas surtidas, chancho, cordero y un cuanto hay de comida típica de esos lados. Yo, por supuesto siguiendo el ejemplo de mi hermano, comí... como vaca.
Reposé unos treinta minutos... y a la cancha mi alma.
En principio no le tomé el peso a la situación, me cambie de ropa normalmente, me puse la 10, la empresa tenía el equipo de la UC (la roja de recambio), parecía un verdadero futbolista.
Piqué un pase para entrar en calor, pero un dolorcillo en la parte baja del ombligo me hizo parar y caminar... no, no puede ser, me dije.
Tomé el balón y disparé al arco, "una contracción, mierda" dije y mierda era.
No puede ser, tengo que jugar, para eso me trajeron. Entre el nerviosismo y las contracciones más seguidas, intenté seguir adelante apretando los cachetitos de vez en cuando con un dolor punzante en la guata que me hizo sudar frío.
Siete minutos después salí corriendo del partido, me importó una raja nada. Tenía que cagar. Un baño por la xuxa... y el baño a la xuxa.
Empecé corriendo, pero terminé caminando con las patitas juntitas y apretando como si lo que se me iba a salir fuera un balón de gas de 45.
Estoy llegando, el baño parece que me hace el quite, no llego nunca por la xuxa. Pienso "estay llegando weón ¡aguantemos, aguantemos!", tomo la perilla para girarla y con un movimiento felino sentarme de manera circense en el water más cercano a la puerta, ¡pero no lo logro! El mar de mierda sale sin permiso cayendo como una cascada por los pantalones cortos y blancos de la universidad católica. Mierda, un hilo de sudor corrió por mi frente, aceleré y torpemente me bajé los pantalones. A la primera no le achunto a la taza, así que salpiqué por fuera al ídolo de loza, el piso, mis calcetas, zapatos, ¡dejé la cagá! Pero eso sí que sí, sentí el alivio, sentí que todo salió de mi organismo. Luego de la tormenta de mierda, veía la caca por todos lados, veía mis pantaloncillos, mis calcetas, la cara de mi hermano, la cara de sus compañeros de trabajo, la cara que le iba a poner y la cara que me iba a dejar.
Como puedo lavo la ropa, quedó amarillenta (no percudida necesariamente) con un impregnado olor a mierda y así mismo húmeda la echo en la bolsa del equipo de donde la saqué. Me visto y salgo a ver el partido, mi nerviosismo va en aumento, por la xuxa.
Termina el primer tiempo, y los equipos van al camarín a refrescarse.
Pero ¡oooohhh! llegan y salen corriendo, haciendo arcadas, "¡la hueá hedionda!".
Yo miro pa otro lado, mientras mis compañeros de equipo, los compañeros de trabajo de mi hermano, le piden a nuestros rivales el camarín ya que el otro está pa la cagá. Mierda weón, me quería enterrar.
El partido terminó, perdimos 5 a 3 y mi hermano no dijo nada, nunca me lo recriminó, aunque tampoco nunca más me invitó a jugar otra vez, pero fue pa mejor, ¡así no dejo la cagá! :(
N. del E.: Se modificaron algunas cosillas del texto enviado por Felipe, pero la completa esencia de éste sigue intacta. Gracias Felipe.
Corrían mis 14 años, y mi hermano mayor haciendo algo fuera de lo normal me invita a jugar a la pelota un día domingo por la empresa donde trabaja contra un equipo de otra región, por lo cual se venía el paseo de "yo y mi hermano".
A las seis de la mañana estaba listo tomando el bus y feliz de compartir del por ese entonces casi desconocido hermano que tengo. Tenemos una diferencia de edad de 8 años y mientras yo estaba en la edad del pavo, él andaba detrás de cuanta mina se le cruzaba. En fin, el viaje fue tranquilo y grato, el paisaje era lindo y el ambiente en el bus relajado.
Primera parada. Sube un vendedor de sanguches y confites de los cuales me como dos de cada cosa y un empolvao (sin manjar colún por cierto). Una hora después sube un vendedor de empanadas, mi hermano me mira y me da una. Rica la weá, me la devoré en 2 segundos. Luego de pasados otros 60 minutos llegamos al epicentro de la reunión deportiva por la cual nos juntamos. Ahí estaba el otro equipo esperando a su rival de turno.
La cosa no quedo ahí. Nos recibieron con un asado, papas mayo, bebidas al por mayor ensaladas surtidas, chancho, cordero y un cuanto hay de comida típica de esos lados. Yo, por supuesto siguiendo el ejemplo de mi hermano, comí... como vaca.
Reposé unos treinta minutos... y a la cancha mi alma.
En principio no le tomé el peso a la situación, me cambie de ropa normalmente, me puse la 10, la empresa tenía el equipo de la UC (la roja de recambio), parecía un verdadero futbolista.
Piqué un pase para entrar en calor, pero un dolorcillo en la parte baja del ombligo me hizo parar y caminar... no, no puede ser, me dije.
Tomé el balón y disparé al arco, "una contracción, mierda" dije y mierda era.
No puede ser, tengo que jugar, para eso me trajeron. Entre el nerviosismo y las contracciones más seguidas, intenté seguir adelante apretando los cachetitos de vez en cuando con un dolor punzante en la guata que me hizo sudar frío.
Siete minutos después salí corriendo del partido, me importó una raja nada. Tenía que cagar. Un baño por la xuxa... y el baño a la xuxa.
Empecé corriendo, pero terminé caminando con las patitas juntitas y apretando como si lo que se me iba a salir fuera un balón de gas de 45.
Estoy llegando, el baño parece que me hace el quite, no llego nunca por la xuxa. Pienso "estay llegando weón ¡aguantemos, aguantemos!", tomo la perilla para girarla y con un movimiento felino sentarme de manera circense en el water más cercano a la puerta, ¡pero no lo logro! El mar de mierda sale sin permiso cayendo como una cascada por los pantalones cortos y blancos de la universidad católica. Mierda, un hilo de sudor corrió por mi frente, aceleré y torpemente me bajé los pantalones. A la primera no le achunto a la taza, así que salpiqué por fuera al ídolo de loza, el piso, mis calcetas, zapatos, ¡dejé la cagá! Pero eso sí que sí, sentí el alivio, sentí que todo salió de mi organismo. Luego de la tormenta de mierda, veía la caca por todos lados, veía mis pantaloncillos, mis calcetas, la cara de mi hermano, la cara de sus compañeros de trabajo, la cara que le iba a poner y la cara que me iba a dejar.
Como puedo lavo la ropa, quedó amarillenta (no percudida necesariamente) con un impregnado olor a mierda y así mismo húmeda la echo en la bolsa del equipo de donde la saqué. Me visto y salgo a ver el partido, mi nerviosismo va en aumento, por la xuxa.
Termina el primer tiempo, y los equipos van al camarín a refrescarse.
Pero ¡oooohhh! llegan y salen corriendo, haciendo arcadas, "¡la hueá hedionda!".
Yo miro pa otro lado, mientras mis compañeros de equipo, los compañeros de trabajo de mi hermano, le piden a nuestros rivales el camarín ya que el otro está pa la cagá. Mierda weón, me quería enterrar.
El partido terminó, perdimos 5 a 3 y mi hermano no dijo nada, nunca me lo recriminó, aunque tampoco nunca más me invitó a jugar otra vez, pero fue pa mejor, ¡así no dejo la cagá! :(
N. del E.: Se modificaron algunas cosillas del texto enviado por Felipe, pero la completa esencia de éste sigue intacta. Gracias Felipe.
01 agosto 2006
Convivencia
Por: Enrikín.
Es claro que el momento de cagar es más que íntimo. A veces no podemos controlar que aquellos lindos minutos así lo sean. Me refiero a que no podemos asegurarnos siempre de que así será.
Un día me senté en el baño dispuesto a evacuar. Tenía que soltar dos días de tensión, poco dinero y las malditas putas deudas. En fin, eliminar la miseria del cuerpo. Quizás sea la única forma que tenemos de botar la basura nosotros los seres miserables. Y en eso estaba cuando...
- ¡Hey! ¿Qué haces...?
- Disculpa, pero debo maquillarme.
- Pero estoy cagando ¡por la chucha, estoy cagando! ¡déjame hacer algo tranquilo!
- Vivimos juntos, ¿qué tiene?
- Privacidad para cagar es lo único que te pido. Puedes maquillarte en otra parte.
- ¿Dónde?, no hay más espejos aquí.
- Ok. Soporta el olor entonces.
- ¿Te das cuentas que estamos a otro nivel de nuestra relación? Jajajá...
- Ándate a la mierda.
- No me tienes paciencia.
- A la chucha.
- Ya, relájate. No me demoraré.
- Como si fuera entretenido que te vieran cagando.
- No siento olor a caca...
- Claro poh, entraste y se me quitaron las ganas.
- Ya tranquilo, llevamos dos meses viviendo en este lugar, sabías que en algún momento iba a pasar.
- Por favor termina luego.
- Mi trabajo requiere de un buen maquillaje.
- Y el mio de tranquilidad mental.
- Claro, siempre voy a ser yo quien tiene que hacer reir y tu el serio. Ya, chao, te dejo cagar tranquilo para que no te mates. Nos vemos en la noche.
- Ojalá a ti te dé cagadera...
Puta madre, llevaba diez años en este circo y justo tenía que compartir el trailer con un payaso culiao nuevo. Suerte que no se demoró tanto y pude cagar tranquilo. Tiempo después nos acostumbramos y yo hasta me limpiaba el poto cuando este hueón se pintaba la cara de risa. Nunca es agradable saltar en el trapecio con la guata dura. No señor.
Es claro que el momento de cagar es más que íntimo. A veces no podemos controlar que aquellos lindos minutos así lo sean. Me refiero a que no podemos asegurarnos siempre de que así será.
Un día me senté en el baño dispuesto a evacuar. Tenía que soltar dos días de tensión, poco dinero y las malditas putas deudas. En fin, eliminar la miseria del cuerpo. Quizás sea la única forma que tenemos de botar la basura nosotros los seres miserables. Y en eso estaba cuando...
- ¡Hey! ¿Qué haces...?
- Disculpa, pero debo maquillarme.
- Pero estoy cagando ¡por la chucha, estoy cagando! ¡déjame hacer algo tranquilo!
- Vivimos juntos, ¿qué tiene?
- Privacidad para cagar es lo único que te pido. Puedes maquillarte en otra parte.
- ¿Dónde?, no hay más espejos aquí.
- Ok. Soporta el olor entonces.
- ¿Te das cuentas que estamos a otro nivel de nuestra relación? Jajajá...
- Ándate a la mierda.
- No me tienes paciencia.
- A la chucha.
- Ya, relájate. No me demoraré.
- Como si fuera entretenido que te vieran cagando.
- No siento olor a caca...
- Claro poh, entraste y se me quitaron las ganas.
- Ya tranquilo, llevamos dos meses viviendo en este lugar, sabías que en algún momento iba a pasar.
- Por favor termina luego.
- Mi trabajo requiere de un buen maquillaje.
- Y el mio de tranquilidad mental.
- Claro, siempre voy a ser yo quien tiene que hacer reir y tu el serio. Ya, chao, te dejo cagar tranquilo para que no te mates. Nos vemos en la noche.
- Ojalá a ti te dé cagadera...
Puta madre, llevaba diez años en este circo y justo tenía que compartir el trailer con un payaso culiao nuevo. Suerte que no se demoró tanto y pude cagar tranquilo. Tiempo después nos acostumbramos y yo hasta me limpiaba el poto cuando este hueón se pintaba la cara de risa. Nunca es agradable saltar en el trapecio con la guata dura. No señor.
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